viernes, 20 de agosto de 2010

Glorieta de los HERMANOS ÁLVAREZ QUINTERO - Parque de María Luisa - Sevilla



Situada al final de la avenida de Hernán Cortés,  es una de las mayores, dedicada a los Hermanos Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, gloriosos autores dramáticos. Esta glorieta es un testimonio de gratitud. El comité de la Exposición la autorizó a propuesta del pintor Santiago Martínez.

Fue diseñada por Aníbal González en 1927, sus materiales: ladrillo visto y cerámica jugando con el agua, los tres elementos importantes en el diseño de este parque.

Tiene planta rectangular, consta de un frente en ladrillo con relieves. Podemos contemplar, en él, un barco con dos velas (los dos dramaturgos) impulsadas por el mismo viento, sobre una pila de cerámica. En los bancos laterales y en maravillosa cerámica de Montalván,  se encuentran los retratos de Serafín y Joaquín así como los títulos de sus obras, en el centro un estanque y en los laterales de la fuente frontal, ambos anaqueles donde en un principio se guardaban las obras de los Hermanos Quintero, para que los visitantes pudieran disfrutarlas
En el banco central encontramos la leyenda “A Serafín y Joaquín Álvarez Quintero, gloriosos autores dramáticos. Sevilla, su madre adoptiva, consagra este monumento en testimonio de gratitud porque infundieron en cien comedias, gala de la escena española, el alma de la Reina del Guadalquivir”
Al lado se encuentra el Monte Gurugú, detrás, la Fuente de los Toreros

Los Hermanos Álvarez Quintero, ensayaron todos los géneros teatrales de moda, entremeses, sainetes, libretos de zarzuela, etc

Era un jardín sonriente,
Era una tranquila fuente de cristal;
Era, a su borde asomado
Una rosa inmaculada de un rosal,
Era un viejo jardinero,
Que cuidaba con esmero del vergel,
Y era la rosa un tesoro
De más quilates que el oro para él.
Nacen en Utrera, (Sevilla) siempre estuvieron íntimamente ligados y formaron un equipo literario nada corriente. Para los críticos siempre fue un misterio que parte de la obra correspondía a cada uno. Cuando fallece Serafín, Joaquín que le sobrevivió seis años, siguió firmando con el nombre de ambos sin que pudiera saberse quien lo había escrito
Azorín decía de ellos que su originalidad estaba en perfecto equilibrio entre el sentimiento individual y el colectivo. Cernuda destacó su agudeza en la observación de lo real. Sus diálogos eran chispeantes y alegres, utilizando modismos andaluces llenos de humor, que al público gustaba
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